Isabel Allende, el Planeta y los detractores de la literatura comercial

Isabel Allende y los detractores de la literatura comercial

La autora chilena, ganadora del Premio Planeta 2026, deja Plaza y Janés (Penguin Random House) para publicar con Planeta. Lo hace con la segunda parte de la novela que la catapultó a la fama, La casa de los espíritus (1982), que se titula La hora antes del alba (2026).

Se dice que algunos certámenes son meras operaciones comerciales, y hasta vergüenza daría afirmar lo contrario en una tertulia ante tales conjeturas, por lo demás extremadamente verosímiles y razonables. La concesión del Premio Planeta, como casi siempre ha estado rodeado de polémica, no debería despistarnos del motivo que aparentemente justifica su literatura: su capacidad para enganchar a los lectores y haber vendido más de 80 millones de ejemplares.

En todo caso, lo de Allende no viene de ahora. Quisiéramos centrar este artículo en recopilar algunas de las críticas que ha recibido la autora desde hace décadas, acusada de ser una mala escritora («escribidora», que diría Bolaño) o imitar en exceso el realismo mágico de Gabriel García Márquez. Unos dicen que es la envidia, y otros que no es más que literatura comercial (dicha sea la palabra «comercial» con un gesto despectivo), aunque las voces discordantes no han de ser siempre viscerales.

Hay en esto de lo comercial demasiadas opiniones encontradas, bandos parapetados entre sus respectivas trincheras, dispuestos a caer el uno sobre el otro a la menor ocasión. Un debate que se abre con relativa frecuencia, el de cómo y a quién hemos de leer, donde están quienes no desean aceptar la imposición de un canon y los que entienden la literatura no como arte sino como entretenimiento, y por tanto, legítimo negocio.

¿Quién critica la literatura de Isabel Allende?

Las críticas a Isabel Allende se han centrado en lo que muchos consideran literatura comercial, o como diría Jorge Edwards, «literatura de supermercado».

Es un concepto que tiende a denigrar un tipo de obras narrativas cuya aspiración no parece ser el arte literario, sino la venta de ejemplares.

Roberto Bolaño

Bolaño, mordaz e irreverente iconoclasta, siempre pareció tener una habilidad extraordinaria para hacerse enemigos entre sus compañeros de profesión, para derribar a los ídolos literarios. No iba a ser menos con su compatriota Allende.

En 2002, cuando se discutía la candidatura de Isabel Allende al Premio Nacional de Literatura de Chile, el autor de Los detectives salvajes fue preguntado por sus méritos. Su respuesta, publicada en La Tercera, no dejaba mucho espacio para las interpretaciones:

«Me parece una mala escritora simple y llanamente, y llamarla escritora es darle cancha. Ni siquiera creo que Isabel Allende sea escritora, es una escribidora».

Bolaño consideraba que las ventas no debían confundirse con el mérito literario. Llegó a preguntarse si, siguiendo semejante criterio, habría que conceder el Pulitzer a John Grisham o Ken Follett.

Isabel Allende tampoco se quedó callada. Tras la muerte del escritor, en 2003, declaró a El País que Bolaño hablaba mal de todo el mundo y lo recordó como una persona desagradable.

«No me dolió mayormente, porque él hablaba mal de todo el mundo. Es una persona que nunca dijo nada bueno de nadie».

Harold Bloom

El crítico estadounidense Harold Bloom, autor de El canon occidental (Anagrama, 1995), tampoco parecía muy impresionado por el éxito de la novelista chilena. En unas declaraciones recogidas por Clarín en 2003, afirmó:

«Isabel Allende es una muy mala escritora y sólo refleja un período determinado. Después todos se olvidarán de ella».

Hay que reconocer como profeta no tuvo éxito. No obstante, en su introducción a Isabel Allende (Chelsea House Publishers, 2003), escribió:

«No consigo encontrar ningún logro estético en la inmensamente popular La casa de los espíritus, ni en Paula, ni en la más reciente Hija de la fortuna (seleccionada por el Club de Lectura de Oprah). ¿Es literatura de ficción o es otra cosa? Desde el punto de vista periodístico e histórico, posee visos de verdad y, moralmente, resulta heroica; pero ¿es convincente como arte novelístico? ¿Es Isabel Allende verdaderamente comparable a Gabriel García Márquez, o deberíamos buscar a sus iguales en un nivel muy distinto, en el universo de la literatura de supermercado?»

Robert Saladrigas

El novelista e histórico crítico literario de La Vanguardia, Robert Saladrigas, escribía en el número del 8 de octubre de 1987 acerca de su primera novela, La casa de los espíritus:

«La obra parecía tener numerosos rasgos autobiográficos, pero sobre todo evidenciaba las huellas de un modelo inimitable e imitado en exceso. La sombra poderosa de Gabriel García Márquez oscurecía lo que podía aportar de original Isabel Allende. Confieso que uno de mis serios reparos al texto lo motivaba esa influencia».

Jorge Edwards

El escritor chileno Jorge Edwards, Premio Cervantes en 1999, aparece en una de las anécdotas más curiosas de la larga controversia que rodea a Isabel Allende.

Según contó la propia novelista en una entrevista publicada también por La Vanguardia en 2023, Edwards había afirmado que sus libros eran simples obras comerciales y que aquello no era literatura.

Con todo, en una entrevista publicada el 18 de abril de 2010 en The Clinic, Edwards no se oponía a que se le concediera el Premio Nacional de Literatura de Chile:

«No estoy en contra de que se lo den a Isabel Allende, porque encuentro que a una persona que ha escrito tanto, que tiene tantos lectores en el mundo y que tiene agilidad narrativa natural bastante fuerte, a pesar que no me gustan sus lenguajes, a lo mejor hay que darle un premio».

Isabel Allende y la polémica del Planeta

Se podrían escribir ríos de tinta de lo que es un secreto a voces. Ya lo ha hecho Fernando G. Toledo en su artículo «Una casa llena de oscuros espíritus«, y sería reiterativo incidir una vez más en sus argumentos.

Piensen o no lo mismo sus fans, o hayan todas las partes decidido correr de común acuerdo un tupido velo para seguir leyendo a la autora, lo cierto es que detrás de esta historia no parece haber más que lo que todo el mundo puede sospechar, y que sin duda es una gran jugada: la de birlarle a una histórica autora superventas a su rival. Ya pasó con Javier Cercas en 2019, aunque más tarde volvió a publicar El loco de Dios en el fin del mundo (2025) con Penguin Random House.

Los que ya disfrutaran de las novelas de la autora lo seguirán haciendo, y los que no, tendrán que refugiarse una vez más en las palabras de aquel detective salvaje y su afán por derribar a las figuras consagradas.

Yo no sé si, en esta paradójica época de posverdades y cancelaciones, tiene sentido perder el tiempo en la constatación de lo obvio, y es que cada cual desea leer lo que le da la gana, y que el olimpo literario hace tiempo que está vacío y las estatuas hechas añicos desperdigados por el suelo. Los árbitros del gusto han dejado paso a la soberanía del lector. Ya no hay aristocracia del espíritu que valga. Aunque no todas las obras han de tener el mismo valor literario, se me antoja una batalla imposible de ganar. Queda solo la huida o, por así decirlo, el exilio.

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