No deja de sorprenderme que Raymond Chandler (1888-1959), el más célebre escritor de novela negra del siglo XX y creador de Philippe Marlow, no llegara a publicar su primera historia de ficción hasta los cuarenta y cinco años de edad, cuando salió el relato «Blackmailers don’t shoot» (Los chantajistas no disparan) en una revista pulp barata llamada Black Mask, en la que años antes ya se había publicado «El halcón maltés», de su admirado Dashiell Hammet.
La literatura pulp tocaba asuntos morbosos y sensacionalistas, del modo más crudo y explícito que se podía hacer en aquella época. Un buen cocktail de crímenes, violencia, sexo y corrupción a un precio irrisorio, que la gente podía leer tranquilamente en el metro o en el autobús mientras iba al trabajo, como las publicaciones que hacían en la famosa editorial para la que trabajaba Richard Sherman (Tom Ewell) en la película La tentación vive arriba. Hablamos de narraciones con muchas pistolas, lenguaje soez, erotismo y asesinatos, que se escribían en un lenguaje directo para que todo el mundo entendiera. Aquello gustaba en América, y se podían imprimir más de un millón de ejemplares de cada edición.
Que Chandler no se hubiera adentrado públicamente en el mundo de la novela negra, tan de moda en aquella América de entreguerras, no quiere decir que no escribiera. Raymond Thornton Chandler había nacido en Chicago a finales del siglo XIX, a pesar de que había vivido su infancia en Inglaterra, donde estudió en el Dulwich College. Había sido periodista freelance en The Westminster Gazette y The Spectator.
Más tarde trabajó como empleado de banca y luego como directivo en varias compañías petroleras en California, lo que le permitió conocer de primera mano el lado oscuro y corrompido de Los Ángeles en los años de la Ley Seca, hasta que durante la Gran Depresión se quedó sin trabajo, como tantos otros. No era, sin embargo, alguien de una moral ejemplar. Fue siendo vicepresidente de una compañía petrolera, estando casado con una mujer dieciocho años mayor que él y tras tener algunas aventuras con sus secretarias, cuando se entregó al alcoholismo, al igual que su padre había sido un alcohólico.
Marlow-Humphrey Bogart
Su primera novela, seguramente la más conocida, The Big Sleep (El sueño eterno), donde da vida al detective Marlow, no llegaría hasta el año 1939. Con su lenguaje sardónico, cínico y mordaz, sus descripciones cargadas de ironía y su crítica in misericorde de la sociedad de la época, Chandler creó el detective definitivo del siglo XX, como Arthur Conan Doyle había creado en el siglo XIX a Sherlock Holmes. Sólo que si aquel era elegante y deductivo, Philippe Marlow es cínico y chulesco, de piel dura, con una respuesta ingeniosa y mordaz en cada palabra, alguien que no se casa con nadie y que siempre está dispuesto a hacer un trabajo honrado si se le paga bien.
Llevado a la pantalla por actores como Humphrey Bogart y Robert Mitchum, es fácil imaginarlo bajo un sombrero y una gabardina gris, fumando un cigarrillo. Es el sabueso en el que todos estamos pensando cuando nos hablan de un detective, un icono que ya está integrado en la mentalidad colectiva. Chandler lo definió de esta guisa poco antes de morirse:
“Un hombre solitario, un hombre pobre, un hombre peligroso. Y aun así es un hombre simpático. Siempre está dispuesto, a cualquier hora y con cualquier persona, a llevar a cabo un trabajo inconveniente. Al parecer ése es su destino. Lo veo siempre en una calle solitaria, en habitaciones solitarias; perplejo, pero nunca derrotado”.
Como escritor tardío, Raymond Chandler alcanzó la fama cuando la novela negra estaba empezando a pasar de moda. A su funeral sólo fueron 17 personas, lo que pone de reflejo que la figura del antihéroe no era una vulgar creación literaria dedicada al mayor solaz del público americano, sino el reflejo de una inseparable identidad.
De algún modo, y a pesar del inexorable paso de los años, con el thriller ocupando hoy el sillón vacío del escritor y guionista, Chandler ha pasado a nuestro inconsciente colectivo literario como el clásico de referencia en la literatura de detectives.
