Scaramouche Rafael Sabatini

Reseña de «Scaramouche», de Rafael Sabatini

Hay en el personaje André-Louis Moreau un descreimiento, un humano pesimismo, propio de quien sólo se considera un espectador del mundo. Aunque, en sus peripecias, se vea de algún modo interpelado a participar en la comedia humana. La forma en la que lo describe Sabatini en las primeras líneas del libro se han considerado siempre magistrales:

Nació con el don de la risa y la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese era todo su patrimonio.

Le tocó vivir en la Francia de Luis XVI, pero carecía del apasionamiento y las pulsiones políticas de los revolucionarios de su época. Aunque ducho en el arte de la palabra, su entusiasmo es más bien un arte, un arma para alcanzar sus fines individuales. Es un hombre, de algún modo, curado de utopías, que hace su propia guerra en medio de la guerra entre el tercer estado y las clases privilegiadas.

Su visión de cómo la Revolución transformaría a la sociedad resulta paradigmática, al menos, en el pensamiento inicial del personaje. En su diálogo del primer capítulo con Philippe de Valmorin, lo expresa de un modo que al lector puede resultarle adelantado a su época, pero que otros más tarde, como Aléxis de Tocquéville, supieron entender.

«¿Qué pasará si desaparece el poder señorial? Habremos cambiado la aristocracia por la plutocracia. ¿Vale eso la pena? ¿Crees que bajo el yugo de los bolsistas, los negreros y los hombres enriquecidos por el innoble arte de comprar y vender, la suerte del pueblo será mejor que bajo la nobleza y el clero? ¿Se te ha ocurrido alguna vez, Philippe, qué es lo que hace el gobierno de los nobles más intolerable? Es la ambición. La ambición es la maldición de la humanidad. ¿Y esperas menos ambición de unos hombres que han crecido precisamente en la ambición?

Yo esperaba que el personaje sería como mi admirado Stewart Granger, en la célebre película de espadachines dirigida por George Sidney (1962). Mas parece que las exigencias del guion, trepidante y con una frivolidad impostada, hubieran trastocado completamente la historia de Sabatini. Sus peripecias, sin embargo, son entretenidas para quien busca un filme romántico, con duelos a espada y amores imposibles, en el que puedan apreciarse mejor los valores hollywoodienses.

De dicha película han succionado por completo el contexto político revolucionario, como si quisieran hacerla aséptica, una simple historia de aventuras para niños. No salen Marat, ni Danton, ni los incendiarios discursos de Moreau, y el final de la película, aunque icónico, carece del dramatismo del final de la novela, más propio de una ópera o una obra de teatro.

Aunque no debo desvelar nada, a riesgo de hacer spoilers de película o libro, quien ya la haya leído creo que entenderá que hay un profundo enigma filosófico en su resolución. La idea de dos mundos enfrentados, que chocan mutuamente, y en el que uno está destinado a destruir al otro, sin que haya posibilidad de que, de algún modo, lo antiguo y lo moderno puedan reconciliarse.

Argumento de Scaramouche, ¿una novela histórica o una novela de aventuras?

Novela Scaramouche

Scaramouche es la historia de una venganza; una novela de capa y espada con lances de honor y un escenario narrativo a caballo entre la Bretaña y la capital de Francia.

André Louis Moreau es un hombre que trata de abrirse camino, en medio de la efervescencia de la Revolución, un joven abogado de provincias que ignora sus verdaderos orígenes. Posee un amigo, llamado Philippe de Vilmorín, obsesionado con la defensa del tercer estado. Su muerte a manos de un aristócrata, llamado el marqués de La Tour, le llevará desde su neutralidad inicial a una lucha ideológica contra las clases privilegiadas, en la cual habrá de emprender complicadas peripecias que le llevarán desde las tablas del teatro a la Asamblea Nacional.

Él, de algún modo, no representa el prototipo de héroe romántico que muchos pudieran tener en mente, ni tampoco es el amante ideal; no posee virtudes más allá de las que se encontrarían en un actor de teatro, pero al mismo tiempo refleja la independencia y el porte de un caballero. Es un tipo que, en cada momento, vive en pro de sus intereses. Un antihéroe con profundidad literaria, obligado a guarecerse en distintos papeles según las circunstancias, lo que puede generar la ilusión de cambio.

No se puede decir que ésta sea una novela puramente histórica, pues el intríngulis se halla en la evolución del personaje. Los acontecimientos de finales del siglo XVIII se tocan de pasada, y son un simple escenario para reflejar una trama típicamente romántica. Es más bien una novela de aventuras, con un trasfondo histórico y un personaje complejo, con tintes de capa y espada, pero acompañados de una reflexión profunda sobre el cambio.

Se escribió en el año 1921, una época en la que la literatura hacía tiempo que había dejado atrás el espíritu romántico y se decantaba por el modernismo y las vanguardias, pero en la que la narrativa de aventuras se estaba volviendo a hacer popular. Tal fue el éxito de la obra que en apenas dos años Scaramouche se llevó al cine, en una película muda dirigida por Rex Ingram (1923).

Rafael de Sabatini, maestro de la novela de capa y espada

Rafael Sabatini

Rafael Sabatini (1875-1950) fue un escritor italiano, referencia de la literatura de aventuras y dramas de época. Escribió sus libros en lengua inglesa y llevó una vida cosmopolita. Llegó a dominar hasta seis idiomas, y trabajó como traductor e intérprete. Estudió Derecho, pero nunca ejerció como abogado. Sus padres eran cantantes de ópera, italiano el padre (Vincenzo Sabatini) e inglesa la madre (Anna Cecchi), lo que le llevó a moverse por Italia, Inglaterra y otros países durante su infancia.

A este gran narrador, en la línea de las obras de Emilio Salgari o Anthony Hope, le debemos algunas novelas que posteriormente se adaptaron al cine y han formado parte del elenco de famosas películas de piratas con las que hemos crecido. Obras como El halcón del mar (1915), El capitán Blood (1922), El cisne negro (1932) o el propio Scaramouche (1921) fueron llevadas rápidamente al cine por directores como Michael Curtiz o Henry King.

Aunque empezó a escribir desde muy joven (Los pretendientes de Ivonne, 1902, fue su primera novela), fue Scaramouche la que le catapultó a la fama. Su éxito editorial lo consagraron como un clásico moderno, cuyas populares historias ambientadas en épocas históricas podían recordar a las de Alexandre Dumas o Robert Louis Stevenson.

Los valores de sus obras, que nada tienen de ingenuo idealismo romántico, rescatan principios que todavía siguen vigentes, como el honor, la valentía o la justicia. Son, por así decirlo, peripecias de capa y escapada que no buscan el mero entretenimiento de los lectores, sino invitarles a la reflexión sobre principios que debieran ser nobles y admirables en todo tiempo.

Fue escritor prolífico; escribió más de 30 libros. Se consagró como uno de los mejores escritores de novelas de aventuras de la época. Sus obras tienen un toque de realismo que realmente logra transportarte a tiempos ya perdidos; su afición al teatro y la oratoria fueron sin duda cruciales en el desarrollo de sus textos.

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