El juicio de El amante de lady Chatterley: 66 años de un veredicto histórico

D. H. Lawrence, autor de El amante de lady Chatterley, en una fotografía de 1912.
D. H. Lawrence, autor de El amante de lady Chatterley, en una fotografía de 1912.

El 2 de noviembre de 1960, el tribunal londinense de Old Bailey fue escenario de un veredicto que cambiaría la historia editorial británica. Tras seis días de juicio y varias horas de deliberación, un jurado declaró inocente a Penguin Books, acusada de publicar una obra obscena: El amante de lady Chatterley, de D. H. Lawrence.

La novela, escrita en 1928, había provocado una enorme controversia por sus descripciones sexuales y por la relación amorosa entre una mujer de la aristocracia y un guardabosques. Durante décadas, su publicación íntegra había encontrado obstáculos legales en Reino Unido.

Penguin decidió editarla sin censura en 1960, treinta años después de la muerte del escritor. La decisión desencadenó un proceso judicial que terminó convirtiéndose en un debate público sobre los límites de la literatura y el derecho de los lectores a acceder a una obra sin modificaciones.

¿Por qué fue juzgado El amante de lady Chatterley?

D. H. Lawrence escribió Lady Chatterley’s Lover durante su estancia en Italia. La primera edición íntegra apareció en Florencia en 1928, publicada de forma privada.

La historia narra el matrimonio de Constance Chatterley con Clifford, un aristócrata que ha quedado paralizado como consecuencia de una herida de guerra. La protagonista inicia una relación con Oliver Mellors, el guardabosques de la propiedad familiar.

El argumento provocó rechazo en determinados sectores de la sociedad británica. La novela contenía vocabulario sexual explícito y cuestionaba las convenciones sociales relacionadas con el matrimonio y las diferencias de clase.

Sin embargo, Lawrence no concebía la obra únicamente como una narración erótica. Su propósito literario estaba relacionado con la necesidad de recuperar la intimidad humana en una sociedad que consideraba dominada por el materialismo y la industrialización.

La publicación íntegra en Reino Unido se enfrentaba a la legislación sobre obscenidad. La aprobación de la Obscene Publications Act de 1959 abrió una posibilidad que Penguin decidió aprovechar: la ley permitía alegar que una obra tenía valor para el bien público por sus méritos literarios, artísticos o científicos.

La propia Penguin Books recuerda el contexto del juicio y las razones que llevaron a la editorial a defender la publicación íntegra de la novela.

El juicio de Penguin Books en Old Bailey

El proceso comenzó el 20 de octubre de 1960. La acusación, dirigida por el fiscal Mervyn Griffith-Jones, sostenía que la novela podía corromper a sus lectores debido a su lenguaje y contenido sexual.

Una de las intervenciones más recordadas del fiscal fue su pregunta sobre si los miembros del jurado permitirían leer el libro a sus esposas o a sus criados. La expresión reflejaba una concepción de la moral pública vinculada a las jerarquías sociales de la época.

La defensa de Penguin, encabezada por Gerald Gardiner, reunió a numerosos testigos que defendieron el valor literario de la novela.

Entre ellos figuraban el novelista E. M. Forster y el crítico literario Richard Hoggart. Sus intervenciones contribuyeron a presentar la obra como una creación literaria que debía juzgarse en su conjunto, en lugar de aislar determinados pasajes.

El tribunal debía decidir si la novela tenía una tendencia corruptora en los términos de la legislación vigente y si sus méritos justificaban su publicación en beneficio del público.

La Universidad de Bristol conserva las transcripciones originales del juicio, distribuidas en seis volúmenes que documentan las declaraciones de los testigos y las intervenciones de las partes.

El veredicto del 2 de noviembre de 1960

El jurado absolvió a Penguin Books el 2 de noviembre de 1960. La editorial pudo continuar distribuyendo la novela íntegra en Reino Unido.

El resultado tuvo una repercusión extraordinaria. Penguin había puesto a la venta una edición económica de El amante de lady Chatterley, lo que facilitaba su llegada a un público mucho más amplio que el de las ediciones privadas.

La controversia judicial impulsó las ventas. La primera tirada, de 200.000 ejemplares, se agotó rápidamente. Según los datos históricos recogidos por la Universidad de Bristol, se vendieron tres millones de ejemplares durante los tres meses posteriores a la absolución.

El proceso adquirió una dimensión que superaba la cuestión de la obscenidad. Para muchos observadores, el veredicto representaba un cambio en las costumbres británicas y en la autoridad de las instituciones para determinar qué podían leer los ciudadanos.

No obstante, la absolución no eliminó todas las restricciones legales sobre publicaciones consideradas obscenas. Su importancia radicó en el precedente cultural y judicial que estableció para la valoración de las obras literarias.

Una novela que transformó la historia editorial

El juicio de El amante de lady Chatterley ocupa un lugar singular en la historia de la censura literaria. La obra de Lawrence había sido escrita más de tres décadas atrás, pero su publicación íntegra seguía generando un conflicto entre las normas morales y la libertad de expresión.

El proceso demostró la importancia de valorar una novela atendiendo a su sentido general y a sus cualidades literarias, sin reducirla a las palabras que pudieran resultar ofensivas para determinados lectores.

Penguin Books asumió un riesgo jurídico y comercial al publicar la obra. Su absolución abrió nuevas posibilidades para los editores británicos.

El interés histórico del proceso se refleja en la conservación de sus documentos y objetos originales. En 2018, el Gobierno británico informó de una iniciativa para preservar el ejemplar utilizado por el juez durante el juicio.

Sesenta y seis años después, el veredicto continúa recordándose como uno de los episodios más relevantes de la historia de la edición en Reino Unido.

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Redacción

Esta noticia ha sido redactada con ayuda de inteligencia artificial y bajo supervisión humana.

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