Reseña de La suerte de los idiotas, de Roberto Martínez Guzmán

la suerte de los idiotas

la suerte de los idiotasNo suelo comentar a menudo novelas contemporáneas, ni de autores que todavía estén vivos. Pero por esta vez voy a hacer una excepción. La suerte de los idiotas es un libro que me ha mantenido distraído durante algunos días. Su atmósfera gallega, con su olor a lluvia y ambiente nublado, refleja un clima ideal para trabajar el género negro. Pero si además le pones un narrador como Lucas Acevedo, un policía con una voz de lo más envolvente, la experiencia se vuelve todavía mejor.

La historia está narrada en primera persona, lo que te hace identificarte desde el primer momento con el diálogo interior del personaje. Acevedo es un tipo duro que ha pasado sus mejores años en Madrid, inmerso en truculentas operaciones contra el narcotráfico. Ahora intenta tomarse un descanso en un ático vigués junto a su gato Edward; es un hombre que trata de no meterse en jaleos, de alejarse un poco del mundanal ruido y de los asuntos turbios, si es que se puede. Aunque como el lector puede imaginarse, la realidad nos tiene siempre una jugarreta preparada, algo que siempre puede echar al traste nuestros planes.

Cuando lees esta historia, te sumerges de lleno en la figura de Acevedo. Intentas ponerle rostro, y en realidad no resulta difícil hacerlo. Es el típico agente, rudo, imaginativo, profesional, alguien que sabe hacer su trabajo de manera precisa, con el grado que le aporta la experiencia. Su manera de pensar es la de alguien que sabe lo que hace, pero que a pesar de su aparente frialdad, en el fondo trata de salir adelante y tener una vida normal.

Como el personaje, me imagino que la vida de los policías debe de ser semejante. Llena de historias inconfesables, con una eficiencia que raya en lo obsesivo. Una vida irregular, sin relaciones estables, de costumbres solitarias, con una ansia irrefrenable de descansar o incluso de dejarlo de una vez. Sumergidos en una nube de alcohol y convencidos de su propia valía, pero con esa faceta de antihéroe de la que no pueden despegarse y de la que, en el fondo, se sienten orgullosos.

Lucas Acevedo es, sin embargo, un personaje con un toque humano, más realista que muchos detectives y policías de ficción. Y creo que eso es lo que lo hace tan interesante, y que el lector pueda discernir una personalidad compleja, la de un hombre que manifiesta cierto desencanto por la vida, pero que al mismo tiempo no deja de ser consciente de su deber y que parece tener muy claro lo que busca.

La novela se lee de un golpe, y mantiene la intriga de manera inteligente, aunque la historia parece algo lenta al principio. Su prosa es directa y clara, usa el lenguaje que podemos esperar de una novela de este estilo, con algunos toques de humor, aunque el personaje no parece el prototipo del detective cínico y con pocos escrúpulos que vemos en otras historias de ficción. Me parece más humano, más realista. Si bien el cierre de la novela me resulta algo forzado, en su conjunto me ha parecido una narración entretenida y en mi opinión se merece una oportunidad.

Esta historia tiene también algunos tintes contemporáneos, con pequeños guiños al lector más actual. El hecho de que sobrevuele el asunto de la violencia de género lo convierte sin duda en una novela ajustada a uno de los temas más candentes de hoy. Me llama también la atención que en el ebook podamos hacer clic en el enlace a Youtube para escuchar la misma música que Lucas y Yolanda están oyendo en la radio del coche. De algún modo, juega con la confluencia de medios que nos ofrece el ebook para ayudar a los lectores a sumergirse en el clima de la historia.

Quizás no sea la mejor de las novelas de Roberto Martínez Guzmán (que ya tiene varios libros de éxito), pero sí me parece una lectura interesante para el que quiera disfrutar de un policía bastante bien trazado y con una personalidad curiosa. En fin, que recomiendo el libro si no tiene usted otra cosa que hacer, y busca autores que valgan la pena.

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