«I»
Amamantas a los niños
con tus párpados de luna,
con tus manos deliciosas,
¡con tus plumas!
Porque se pasean tus deditos de azucena
por las mejillas vergonzosas,
y los niños sienten los pájaros de alambre
que revolotean
y piensan que has bajado por la chimenea
cual pastel de chocolate
Sacas tu varita mágica,
y dibujas veinte cucuruchos en el aire,
porque tu cuerpo gélido es un escaparate
de filarmónicas felices,
de personajes,
porque has hecho bailar a todas las escobas tristes
y le pediste a todos los príncipes
que se enamorasen
«II»
Has venido a buscar
con tu sombrero de hierba y hojalata
a los enanitos verdes del bosque
a las princesas rosas escapadas,
a contarle cuentos a los niños bajo las malezas
de una noche indescifrable
Has venido a recordarnos
la canción del Cacahuete,
a descolgar los erizos de los árboles
a utilizar las cuerdas y los cirios
para inventar nuevos juguetes
Te has sentado en la ceniza
mientras los niños duermen…
y los leñadores se acuestan
y los lobos aúllan en las cuevas;
mientras el lago de las sombras recortadas
va cubriéndose de nieve
Al leer esto sólo siento una cosa: PAZ
Será que lo escribí hace tiempo 🙂
Me encantaría ser una niña y sentarme sobre su regazo para que me contara un cuento.
Tierno personaje el que describes.
Un beso muy grande 🙂
Y a mí también. Y aunque no fuera un niño…
Un beso!