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Reseña de «La posada de Jamaica», de Daphne du Maurier

la posada de jamaica daphne du maurierCuando leí La posada de Jamaica, de Daphne du Maurier, me percaté enseguida de que la historia discurre por distintos vericuetos a la película de Alfred Hitchcock. Luego me enteré de que fue por las ansias de protagonismo de Charles Laughton, su indiscutible protagonista, que en la película se procedió incluso a trastocar el final del libro, y que fue por eso que la escritora británica no quedó satisfecha. Si bien la prosa de Du Maurier es única y crea una ambientación muy visual, marcada por las precisas descripciones, confieso que prefiero el argumento de la película.

Se trata de una novela gótica, ambientada en el condado de Cornualles en pleno siglo XIX, donde residió la propia escritora la mayor parte de su vida. Al parecer, la posada de Jamaica está inspirada en un mesón que hoy todavía existe, y que sirvió a la autora para recrear un escenario que ha quedado delicadamente retratado con su prosa envolvente y certera.

La protagonista, Mary Yellan, va a visitar a su tía Patience Merlyn a la posada de Jamaica, donde ésta vive junto a su marido Joss Merlyn, un hombre cuya mala fama hace que los huéspedes no quieran aparecer por el misterioso mesón. Lo que en un principio iba a convertirse en una visita familiar, tras la necesidad de buscar un nuevo acomodo por la muerte de su madre, acaba transformándose en una historia truculenta de contrabandistas.

Una novela gótica, cargada de suspense y oscuridad

Daphne du MaurierLa novela de Daphne du Maurier, al igual que otras de su género, como «Los pájaros«, tiene una prosa exquisita. Es la novela perfecta para quienes deseen disfrutar de un relato saturado de incertidumbres y miedos, en un ambiente frío, desangelado y muy británico, como la escarpada Cornualles. Con sus marjales oscuros, sus sombras tenebrosas y el sonido inconfundible de las olas que golpean con las rocas y los acantilados, desde los que se divisa la arboladura de los barcos entre la niebla, parece el lugar ideal para un drama romántico, en el verdadero sentido del término.

La historia de La Posada de Jamaica de escribió en el año 1936, apenas dos años antes de publicar la que seguramente es su obra maestra, Rebecca, también llevada al cine por Hitchcock, y que también podríamos considerar como un «romance gótico». Por entonces, Daphne du Maurier, que se había casado con el teniente general Frederick Arthur Motague Browning, residía precisamente en  la costa de Cornualles, una mansión llamada el castillo de Menabille, lugar en el que se inspiró para describir el famoso Manderley del «Last night I dreamt that I went to Manderley«.

Jamaica Inn no es una historia de terror, porque no hay nada en ella de sobrenatural, pero la atmósfera neblinosa de los acantilados del suroeste de Inglaterra es suficiente para que podamos afirmar que es una obra cargada de negritud. El miedo se respira en cada circunstancia, en miedo de una atmósfera llena de suspense y atenazada por el terror psicológico que inspiran sus habitantes.

Debo decir que, tras haber visto la película numerosas veces, no he podido evitar imaginarme a la protagonista, Mary Yellan, como si verdaderamente tuviese el rostro de Maureen O’Hara, aunque el personaje me resulta mucho más audaz en la novela, a pesar del célebre carácter de la irlandesa. Al fin y al cabo, hablar de Daphne du Maurier es hablar del suroeste de Inglaterra, y también hablar de Alfred Hitchcock, aunque la autora escribió otras muchas obras por las que merece ser recordada.

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