El orador. Un relato político
«Hiiiiiiiiiiiiiiiiii-hoooonnnnnnggggg», exclamó el orador al subir a la tribuna. «Beeeeeeeeeeeee», respondieron los presentes. Y así, en tan simpática conexión y melodioso intercambio, el emisor continuó su discurso entre los aplausos de la multitud fervorosa que le interrumpía. El disertante sentía un inmenso placer, una satisfacción casi primitiva al ver aquellos seres sentados bajo la luz…