El artista en la cima

Los campos anochecidos, llenos de lucecillas fluctuantes y murmullos remotos, contemplan el concierto de la noche: los caminantes, austeros, meditabundos, advierten con sorpresa que una brumosa esfera de tiznes blancos, con algunas hendiduras, empieza a definirse allá en el cielo y se torna cada vez más blanca; igualmente, la bóveda celeste va adquiriendo un tono…

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